LA NACION LINE | 06.10.99 | Arquitectura

Un colegio que es ejemplo de muchos
Sobre avenida Las Heras entre Callao y Ayacucho, la nueva sede del Colegio de Escribanos de la Capital Federal, obra de Testa-Fontana y el estudio Sevi, es atractiva y poco convencional


Cada uno de los espacios está jerarquizado en función de los requerimientos del programa, y los juegos del espacio con efectos de luz y color

Foto: Marino Balbuena

Un nuevo frente, distinto y atractivo, aparece a la vista de quienes recorren la avenida Las Heras entre Callao y Ayacucho: es la nueva sede del Colegio de Escribanos de la Capital Federal, un edificio poco convencional que se construyó a partir de un concurso nacional de anteproyectos realizado en julio de 1997. Tuvieron a su cargo el proyecto y la dirección los arquitectos Clorindo Testa y Juan Fontana, y el estudio Sevi de Arquitectura, integrado por Uriel Sevi, Guido Sevi, Osvaldo Bisso y Víctor Derka, arquitectos.

No es frecuente que el proyecto derivado de un concurso público de anteproyectos se concrete en un edificio, pero menos todavía es común que ese edificio sea construido dentro de los plazos previstos por el comitente. Por eso parece justificado el énfasis con que los autores destacan que se cumplió con la premisa que establecía una limitación económica, con una inversión similar a la originalmente prevista.

Todo esto es más significativo si se tiene en cuenta que, según destacan los autores, los planos del proyecto prácticamente no variaron desde el concurso hasta convertirse en planos de obra.

Esquema básico



Detalle de la fachada: una verdadera imagen de modernidad

Como esquema de funciones, la obra se integra sobre la base de tres sectores característicos: los espacios públicos ubicados en los primeros niveles; las plantas de oficinas, y los subsuelos para garajes y servicios.

Los tres sectores se vinculan mediante elementos de circulación vertical de acuerdo con cada función específica.

Una característica que distingue a la planta tipo se manifiesta en la columna central, cilíndrica, que es la única pieza estructural visible, ya que no hay columna alguna en el frente ni en el contrafrente del flamante edificio.

El corte longitudinal revela las ideas de los arquitectos al jerarquizar cada uno de los espacios en función de los requerimientos del programa, los juegos del espacio con efectos de luz y color, los cambios de altura y la iluminación natural con el uso de parasoles en ambas fachadas.

Estos parasoles, se aclara, protegen del rayo directo, pero en ningún caso impiden las visuales del exterior, sea hacia la avenida Las Heras, sea hacia el pulmón central, con vistas al río.

El uso de la chapa perforada abarca otros elementos, en la protección inferior de los canales de aire acondicionado o de los equipos de fan-coil. Se eliminaron así los clásicos cielos rasos armados en las oficinas, para ganar en claridad espacial y simplicidad constructiva.

La ya mencionada columna central (no central con respecto al terreno, sino a la planta de oficinas propiamente dicha) actúa a manera de pivot axial. La losa mide unos 15 m. por 15 m. y no tiene vigas, lo que califica el espacio de los pisos y mejora la circulación de conductos de climatización.

Los sectores espaciales son, en resumen:

  • Los niveles públicos, con los accesos (desde la avenida Las Heras y desde la sede de la avenida Callao) interconectados espacialmente. Este sector abarca tres niveles, de los cuales el intermedio es la planta baja, que resulta enrasado con la planta baja de Callao 1540.

  • Las oficinas, un bloque entre medianeras con contrafrente abierto por completo al Norte, con el núcleo fijo de circulaciones y servicios hacia el lateral derecho y una gran superficie libre con la columna central.

  • Los niveles de servicio, ubicados en tres subsuelos y la sala de máquinas en la azotea, por encima del nivel de retiro obligatorio.

    Hay un puente de gran luminosidad, resuelto en dos niveles, que integra el nuevo edificio con la clásica sede de la avenida Callao. Son en total 4800 metros cuadrados cubiertos.

    Imagen de modernidad



    Un detalle significativo que ubica al visitante en la nueva sede del Colegio de Escribanos de la Capital Federal

    Al recorrer los espacios del nuevo edificio del Colegio de Escribanos, uno no puede evitar la ponderación de la entidad promotora al sostener y completar un proyecto que minimiza los convencionalismos y exalta nuevas perspectivas para un recinto institucional.

    Hay una serie de recursos ya típicos en la producción del arquitecto Clorindo Testa, donde prevalecen los imprevistos y las sorpresas visuales. Hay vigas con el borde inferior curvo, con forma de catenaria; tubos fluorescentes colocados en el cielo raso sin orden aparente; barandas pintadas con distintos colores vivos.

    Para los que retienen la severa y convencional fachada de la sede de la avenida Callao (cuya imagen se transforma al avanzar hacia el fondo de la planta baja), resulta en extremo meritorio el criterio renovador y desinhibido demostrado por las autoridades en la concreción del nuevo edificio.

    El equipo



    Un puente de gran luminosidad, resuelto en dos niveles, integra el nuevo edificio con la clásica sede de la avenida Callao

    En la obra del Colegio de Escribanos de la Capital Federal el proyecto y la dirección corrieron por cuenta de los arquitectos Clorindo Testa-Juan Fontana y el Estudio Sevi (Uriel Sevi, Guido Sevi, Osvaldo Bisso y Víctor Derka, arquitectos). El arquitecto Guido Sevi tuvo a su cargo la dirección ejecutiva.

    Constructora Sudamericana fue la empresa principal, la iluminación fue confiada a Modulor SA, y el equipamiento y las particiones fueron íntegramente provistos por Buró SA.

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