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ÁLVARO SIZA EN BUENOS AIRES
“El arquitecto nunca es más importante que el edificio”
La Universidad de Palermo entregó el Premio Década 2008 a la obra Colegio de Escribanos que realizó el Estudio de Clorindo Testa y Juan Fontana con el Estudio Sevi . Fue jurado Álvaro Siza, el reconocido arquitecto autor entre muchas otras obras, del Museo de la Fundación Iberê Camargo en Porto Alegre y ganador del Pritzker. En una entrevista exclusiva, conversamos con él para adentrarnos en sus reflexiones sobre el proceso de evaluación, así como en su concepción en la enseñanza de la arquitectura.
el Arq. Guillermo Tella Con la colaboración de Alejandra Potocko ()
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03:00

Analizar con objetividad una obra es una tarea sólo posible luego de diez años de haber sido construída. Asíse puede ver como ha resistido el paso del tiempo, aunque también cómo respondieron su diseño y materialidad a las necesidades funcionales, cómo se integraron sus partes y cómo se insertó en su entorno. Una década constituye, entonces, un lapso adecuado para evaluar un proyecto de arquitectura ya realizado. La Universidad de Palermo premia anualmente con “el Década” a una obra arquitectónica, bajo esa mirada, a partir de la iniciativa de la Fundación Oscar Tusquets Blanca, que instauró esta instancia de reconocimiento en Barcelona desde 1999.

Este año recibió el primer premio la obra Colegio de Escribanos del Estudio Clorindo Testa y Juan Fontana junto al Estudio Sevi de Arquitectura y asociados.

El gran arquitecto portugués Álvaro Siza fue jurado del premio. Con él conversamos sobre el proceso de evaluación de las obras y sobre su concepción en la enseñanza de la arquitectura.

-A partir de la experiencia

cosechada, ¿cuál es su mirada respecto de las obras de

arquitectura luego de diez años de construidas?

-Es muy oportuna esta modalidad de premio. El tiempo puede ser un gran arquitecto y también un juez implacable. Revela la justicia que hace un proyecto, en relación al arquitecto y a los dueños de la obra. Programas mal pensados, presupuestos insuficientes, demasiada rigidez en el concepto de funcionalidad o intervenciones posteriores pueden afectarlo tanto o más que un nuevo arquitecto.

La línea de demarcación de la responsabilidad de uno y otro es muy tenue, difícil de definir; pero la arquitectura de calidad es capaz de sobrevivir y recuperarse de todos esos accidentes. Lo que fue no se apaga por entero. El Partenón fue depósito de pólvora. Las ruinas visitadas e inspiradoras de tantas construcciones no dejan de ser singularmente funcionales.

-En su rol como jurado del

premio, ¿qué se planteó como premisas para analizar las obras, cuáles fueron los criterios considerados para

su evaluación?

-Tener un criterio para analizar en esta difícil tarea -como responsable único- de evaluar 22 obras pre-seleccionadas es delicado y siempre discutible. Hubiese sido necesario un debate con profesionales de distintas formaciones, aunque de eso no resulte consenso ni conformismo, felizmente. Además existió una pre-selección muy cuidada, por lo que los proyectos resultaron de muy buena calidad. Pero hay sólo un premio que entregar.

En mis visitas a esas obras seleccionadas confirmé esa calidad, ya revelada en los documentos consultados previamente, y constaté la existencia de una cantidad de proyectos de una gran variedad de programas: residencias agrupadas -en línea, en altura o aisladas-; antiguas estructuras recuperadas para nuevas funciones, en las cuales la calidad arquitectónica se consolida y se generan nuevas actividades, nuevos ambientes, más confort; antiguos y nuevos edificios recuperados o con igual calidad y relación con el espacio público, en la concreción de un plano profundamente transformador como Puerto Madero; edificios e interiores de uso público; edificios de oficinas.

Mis reflexiones sobre las visitas a esas obras me llevaron a reconocer como ganador al Colegio de Escribanos, y a otorgar dos menciones especiales a las obras del Complejo Natatorio del Cenard, del estudio M-SG-S-S-S Arquitectos, y al Edificio Cramer 1642, del estudio Caram-Ro-binsohn Arquitectos.

-Hablando de las obras distinguidas, ¿qué destaca en cada una como rasgo más relevante, luego de 10 años de ejecutada?

-En el caso del Colegio de Escribanos es de destacar que la obra amplía una construcción anterior y resuelve su integración y transición consecuentes. Un pilar central sustenta todo el desenvolvimiento del volumen de un espacio unitario: tubos de infraestructura, coberturas como el dorso de un animal. Una presencia como tronco de árbol añoso del cual se desprenden ramas, hojas, frutos. Las divisiones posteriormente incorporadas no ocultan ni amenazan la fuerza y la esencia del proyecto. Tarde o temprano se regenerará, liberándose de lo que le es ajeno.

La obra Natatorio del Cenard es por su parte un gran espacio que cubre y equipa un complejo de piscinas pre-existentes, imponiendo una potente estructura de delicada realización. La luminosidad y claridad de ese espacio, la aparente desmaterialización del techo y paredes, torna imperceptible el soporte de la estructura y la presencia de infraestructuras. El resultado es un techo de luz flotando sin peso ni esfuerzos.

Finalmente, el edificio Cramer 1642 es un proyecto extremadamente bien elaborado e inserto en su entorno. El lote, ocupado en toda su longitud, está limitado por una arboleda y por un parque en torno y a lo largo del eje de las vías del ferrocarril. Los dos volúmenes de departamentos, separados por un patio de distribución de accesos, disponen un jardín de transición para el parque y las terrazas. La influencia de la concepción y mantenimiento de los jardines es determinante en el ambiente magnífico que existe ahora, pasados 10 años. Éstos envuelven volúmenes de diseño riguroso y pormenorizado casi imperceptible, de tan cuidado su diseño.

-Para lograr una buena y

perdurable calidad en las obras, ¿cómo se deben formar los

profesionales, de qué modo

debe ser concebida la enseñanza de la arquitectura?

-En mi forma de entender la enseñanza de la arquitectura, primeramente debe haber una competencia de disciplinas. Una obra de arquitectura requiere de la intervención de distintas especialidades: iluminación, ingeniería, instalaciones, etc. El arquitecto, en medio de todos estos aportes que influyen en el espacio, debe intervenir desde su especialidad para tratar el conjunto como un todo, utilizando como insumo los aportes de las otras disciplinas.

Una cosa que en la enseñanza es un poco difícil crear y de mantener es un clima en el cual se trabaje con ingenieros, con geógrafos, con urbanistas, con sociólogos. Para eso es necesario el trabajo en equipo, la convivencia de grupo; que a mi entender es fundamental experiencia para el complejo mundo de la práctica profesional. Es necesario desterrar al concepto de “arquitecto gurú”: el arquitecto nunca es más importante que el edificio, aunque el arquitecto tenga mucha presencia en los medios de comunicación.

1 Comentarios
soydeaqui
Debería también incluir la carreras de arquitectura, ingeniería en construcciones y civil, materias de grado y/o maestrías en macro y microeconomía de modo que los futuros profesionles sepan tener en cuenta que el mercado inmobiliario no opera por compartimientos estancos, lo que ha llevado a muchos "pseudoreferentes" actuales fácilmente identificables a impulsar políticas nocivas que no hacen otra cosa que producir un estacamiento que podría marcar una involución con el consiguiente deterioro del mercado inmobiliario argentino.
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